05/11/2026
Estoy a una semana de cumplir 9 años desde que me gradué de gastronomía… ¡el tiempo pasa volando! 🤍✨
Y cuando miro hacia atrás, me sorprende el cambio tan radical que ha tenido mi vida.
Nunca me imaginé viviendo en otro país, ni hablando una lengua diferente a la que nací.
Nunca me imaginé tener la posibilidad de dedicarme a mi pasión sin sentirme poca cosa.
Mi vida laboral empezó cuando iba en segundo semestre de la carrera y rápidamente me di cuenta de cómo eran las cosas ahí: salarios bajos, horarios sin hora de salida y un sentimiento constante de inferioridad. ¡Lo odiaba!
Mi papá me aconsejaba estudiar otra carrera. Yo veía cómo otros compañeros conseguían mejores trabajos en otras profesiones… y la idea de abandonar estaba ahí. Incluso empecé una carrera técnica en nutrición.
Pero yo sabía que tenía potencial para más y me resistí a abandonar.
Sufrí, me deprimí, lloré muchas veces y me quejaba de lo injusto que era haber estudiado una carrera donde no me sentía valorada y donde, al parecer, “los estudios no tienen ningún valor”.
En 2018, un año después de graduarme, me fui de summer camp a Philadelphia y eso me llenó de esperanza.
Vi un mundo diferente y ahí entendí que tenía que emigrar para descubrir más posibilidades.
En 2019 me fui a Nueva York a trabajar por un año y ahí fue el boom 💥
Descubrí que sí existía un mejor mundo laboral para mí. Uno donde era mejor remunerada, apreciada y con horarios más predecibles.
“El ser chef aquí sí es una profesión”, me dijo mi jefe el otro día.
Y esa frase se me quedó grabada, porque es algo que también confirmé viviendo ya tres años en New York. 🗽
Las mejores oportunidades llegan cuando te cansas de seguir intentando en lugares donde sabes que no perteneces… y te atreves a dar un salto audaz 🔥
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