25/11/2012
Un informe recientemente difundido por la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas (Udape) y por el Comité Interinstitucional de las Metas de Desarrollo del Milenio, el que lamentablemente no ha recibido una atención proporcional a su importancia, indica que el ritmo al que está reduciéndose la superficie boscosa de nuestro país no ha dejado de incrementarse durante los últimos años y que, de mantenerse tal tendencia, el daño causado al medio ambiente, con todas las funestas consecuencias que ello implica, será muy grave.
Según los datos consignados en el informe que comentamos, la deforestación ocasionada por la ampliación de la frontera agrícola y ganadera, además del muy lucrativo negocio de la industria maderera, afecta a por lo menos 150.000 hectáreas cada año. Sin embargo, hay quienes basándose en múltiples indicadores consideran que esa cifra se queda corta pues no toma en cuenta, o por lo menos no suficientemente, la deforestación que se realiza ilegalmente, a espaldas de las autoridades estatales y, por consiguiente, fuera del alcance de todo cálculo estadístico.
Las estimaciones menos condescendientes con la explotación irracional de nuestros recursos forestales, como las hechas por el Museo de Historia Nacional Noel Kempff, calculan que el ritmo al que se destruyen nuestros bosques se ha incrementado durante los últimos años a tal punto que estaría bordeando las 300.000 hectáreas anuales.
Ante tan elocuentes y alarmantes datos, lo menos que puede hacerse es llamar la atención sobre el problema y actuar en consecuencia. Más aún si se considera que el Estado boliviano ha suscrito compromisos internacionales que lo obligan a revertir tan devastadora tendencia.