20/04/2022
Carta de una persona con ansiedad y depresión.
“¿Me prometes?”
Anónimo.
“¿Me prometes? ¿Me prometes que un día no habrá más tormenta, que justo después de esto viene la calma? Es que ya no la siento y la extraño mucho… Una parte de mi siente que está enloqueciendo y ya no sabe qué hacer...
Pensé que era cuestión de esforzarse, lo he intentado pero no funciona.
Ya no sé en qué creer. ¿Me prometes que estarás a un lado mío en la cama abrazándome y nunca más volveré a sentir miedo?
Esto que siento no se lo deseo a nadie…he tenido tantos ataques de ansiedad y no siento que me muero, al contrario, estoy tan consciente de estar viva y siento tanto dolor que no se lo deseo a nadie ni siquiera a los que en gran medida han contribuido a mi inestabilidad. Al final no los puedo culpar, mucho de ello lo decidí yo, lo permití, lo dejé pasar…
Al menos ahora sé qué se siente, cuando alguien la describa no podré evitar pensar: lo sé, yo pasé por ahí… y luego diré algo que sonará a cliché: ‘y si yo lo superé, tú también puedes.’ Pero… ¿es real? ¿Lo habré superado? ¿Las noches de insomnio, la pérdida del apetito, los sentimientos dormidos, el hormigueo en las manos, la lentitud para reaccionar, la confusión de pensamientos, el dolor que va más allá de lo físico?
Por años crecí creyendo que yo inspiraría a otros… pero mírame, ¿quién me viera tan derrotada? Y me pregunto si para cuando lleguen mis días buenos, cuando finalmente llegue la paz, ¿aún seguirás aquí?
Tal vez no, pero quiero creer que si no me queda nada, ni siquiera fe, el amor realmente lo puede todo, hasta el final.
Y sabes… una parte de mi está harta de contarlo o si quiera tratarlo de explicar… Me piden que actúe como era antes pero no se dan cuenta… no soy la que era antes… y muy probablemente no seré después de esto, quiero creer, que al final seré una mejor versión.
Me piden que vaya a terapia, que haga mi mejor esfuerzo, que no debí hacer ciertas cosas o que debí hacer otras, que soy orgullosa, que no reconozco errores y definitivamente hablarlo no ayuda… No todos son iguales, algunos realmente me quieren ayudar, se preocupan por mí, lo sé y lo siento pero sabes… llega un punto en todo es tan oscuro que esas pequeñas luces se pierden…
Y recuerdo la Triada Cognitiva: versión negativa de uno mismo, versión negativa del mundo, versión negativa del futuro. He dejado de creer en mí, me cuesta creer en los demás y me cuesta creer que esté panorama tal cual se ve algún día va a cambiar.
En fin… y todo esto para decirte que no, no me estoy rindiendo, espero me tengas paciencia hasta el día en el que finalmente esté entre tus brazos y quizá llore porque toda esa guerra habrá acabado. Que iré detrás de mis sueños y que tú estarás ahí viéndome cumplirlos. Así que… ¿Me prometes que después de la tormenta llegará la calma?
Me hace falta…”