13/03/2026
El sindicato petrolero, STPRM, y el fin de la historia.
Para los mexicanos, y más para la comunidad petrolera, la conmemoración de la expropiación del petróleo es una fecha muy significativa. Los motivos, las formas de recordar y aprovechar coyunturalmente este hecho histórico varía de acuerdo a los intereses de cada sector de la sociedad. Para los individuos, organizaciones y gobiernos nacionalistas y/o progresistas la recuperación del patrimonio de los hidrocarburos a favor del pueblo es un acto heroico. Para la derecha y el gran capital nacional y extranjero es todo lo contrario y se aprovecha para denostarlo. Para bien y para mal, el papel de los trabajadores petroleros y sus agrupaciones mutualistas y sindicales han sido, y son, fundamentales. Su trabajo, el conocimiento de la industria, su conciencia de clase y su vida misma fueron el origen y el soporte de la expropiación petrolera.
Cada año, como si el pasado fuera el presente y no hubiera más historia, las burocracias del sindicato petrolero hacen emotivos discursos, dejan flores en monumentos y visitan las tumbas de los líderes de aquellos años. Actualmente, a contracorriente de la política impulsada por la presidenta de la república se elegirá una Reina del Petróleo, continuando con el pensamiento de la mujer-objeto y sin reivindicar su papel como trabajadora. Asimismo, en la Feria del Petróleo, habrá concurso de Comparsas, en un afán de abandonar la tradición popular e incluyente de todos los sectores, del Carnaval con más de 100 de antigüedad. La existencia de la “col. 18 de marzo”, con más de un siglo, en abandono, cercada y sin acceso a la población, continúa como un símbolo de la segregación racial y económica practicada por los antiguos dueños de la refinería.
El tiempo para explicar el papel de los trabajadores, el STPRM y su alianza con los gobiernos parece detenido en esos momentos de lucha, solidaridad nacional y enfrentamiento con los intereses de los países centrales. Nadie de estos tres protagonistas quiere hacer alusión a los tiempos subsecuentes, donde la apatía, las traiciones, falta de convicciones político sociales y democracia, enriquecimientos ilícitos, encarcelamientos y muertes han tratado de regresar a las condiciones en las cuales la riqueza petrolera era usufructuada para beneficios privados.
Para salirnos de estos “clásicos festejos” bosquejaremos algunas temáticas que merecerían una explicación más allá de “lo que todo mundo sabe”.
1.- La centralización del poder y la falta de democracia participativa en el STPRM. Integrar el sindicato nacional, en 1935, no fue fácil: El elevado número de organizaciones, la variedad del tipo de miembros que las componían y las distintas prestaciones que habían conseguido lo complicaban. Aquí mismo en Minatitlán hubo quienes se oponían y tuvieron que realizarse dos asambleas para dar el consentimiento a la integración, la cual se realizó cuando ya se había constituido. Para reconocer el poder de los distintos grupos, y al mismo tiempo conservar el carácter nacional del sindicato, se acordó rotar la Secretaría General del Comité Ejecutivo Nacional, cada tres años, entre las secciones más poderosas: la Secc. 1 en el norte, la 30 en el centro y la 10 en el sur; las cuales coordinarían a las demás de su área sin la intervención de las otras. Así mismo se otorgarían las senadurías y diputaciones federales por parte del PRI. Hubo respeto hasta qué, en 1988, bajo el liderazgo de J. Hernández Galicia, La Quina, con apoyo de la CTM y de la presidencia de Miguel de la Madrid, se modificaron los estatutos para que la gestión de Barragán Camacho (brazo ejecutivo de JHG) se prolongara a 6 años y los secretarios del interior y ajustes (también puestos por la 1) tuvieran la representación legal del sindicato. En Minatitlán desplazaron al líder hegemónico Sergio Martínez Mendoza y a Sebastián Guzmán, su heredero; con ayuda de otros dirigentes de la misma sección y de la región (ej. la 11 de Nanchital) que se subordinaron a la 1 de Ciudad Madero. La Quina fue encarcelado en 1989 por Salinas de Gortari. Guzmán Cabrera regresó para desmantelar el “imperio quinista” pero conservando el poder de Comité Central para apoyarlo en su presidencia y en la entrada del capital privado a la industria petrolera. Desde hace 33 años la secc. 1 ha subordinado al resto del STPRM.
2.- Los técnicos y profesionistas. Bajo la influencia del movimiento social-estudiantil de 1968 este sector comenzó a organizarse en Cd. Madero, Salamanca, Poza Rica y Coatzacoalcos para frenar los despidos, las movilizaciones imprevistas y prolongadas, los malos tratos y las excesivas jornadas. Intentaban contar con su propio sindicato. El 18 de marzo de 1973 el presidente Echeverría anuncia que 1,500 plazas de TyP pasan a incorporarse al STPRM. Las opiniones se dividen, la unidad del sector no se mantiene. A principios de los 80 el movimiento cobra su fuerza más acabada en la Secc. 34 de las oficinas generales; las demandas se centran en las reestructuraciones administrativas, se pide la sindicalización hasta los niveles de superintendencias, renivelaciones, menos del 10% de personal de confianza, detener la privatización de la empresa y lograr una organización nacional. Se mejoran las condiciones significativamente a base de movilizaciones. Con el nuevo contrato, Sebastián permite que 9 mil profesionistas regresen al régimen de confianza. El movimiento pierde fuerza. En el 2009 la Secretaría del Trabajo otorga reconocimiento a la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas Petroleros (UNTyPP). Sus demandas se centran en el reconocimiento por parte de la administración de Pemex, mejoras salariales, detención de despidos. Aunque el gobierno morenista ha detenido la privatización de la industria e invertido en su reactivación, este sector no ha mostrado un apoyo decisivo y mantiene su lucha.
3.- Las posiciones políticas. Durante los gobiernos priistas, el STPRM se mantuvo fiel a los dictados presidenciables; apoyando incluso el desmantelamiento y privatización de Pemex, reduciendo casi la mitad de su plantilla laboral y sus financiamientos. Con el PAN, avalaron la integración del sector privado al Consejos de Administración y el papel de los trabajadores en el órgano directivo. Romero Deschamps, después de 26 años deja el cargo de Secretario General poniendo en su lugar al ing. Ricardo Aldana, quien fuera vocal de Obras Revolucionarias en 1985 en Cd. Madero, acusado por malversación a Pemex en 2002 y a punto de ser desaforado como senador. Las secciones han permanecido con las mismas dirigencias o renovadas con sus seguidores o familiares directos. Después del segundo triunfo de Morena, visiblemente debilitados, los petroleros se pasan al Partido Verde en un afán de las burocracias sindicales de conservar su poder sindical. La votación que han conseguido es reducida, su influencia en el manejo de plazas y conservación de prestaciones es mínima.
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