03/09/2026
Elegir a un director general o financiero activa un proceso riguroso: mandato claro, criterios definidos, a menudo un consultor externo que aporte objetividad.
Incorporar a alguien al consejo, no tanto. Basta una recomendación de confianza, una relación previa, un nombre que "encaja bien" sin que nadie explique muy bien por qué. 🤔
Y sin embargo, ese órgano toma decisiones del mismo calado que el comité de dirección: aprueba la estrategia, supervisa al equipo ejecutivo, tiene la última palabra en lo importante.
👉 Incorporar a alguien solo por cercanía personal no deja de ser válido. Pero su capacidad de cuestionar decisiones depende de la relación previa con quien lo propuso, justo lo contrario de lo que hace falta para valorar con independencia algo complejo.
👉 El problema no siempre está en confiar. Está en no saber qué conocimiento o qué mirada falta hoy en esa mesa, más allá de cubrir un asiento vacío.
👉 Un buen equilibrio no elimina los vínculos cercanos a la propiedad: los complementa con perfiles elegidos por lo que aportan de forma verificable.
La pregunta de fondo no es si apoyarse en quien ya está ahí. Es si eso, por sí solo, basta para que el órgano haga bien su trabajo.
¿Vuestro consejo ha pasado alguna vez por un proceso de selección tan exigente como el de vuestro comité de dirección?
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