01/09/2024
TROZO DE MI LIBRO.............. El tabaco emborrachaba a los murciélagos, pero a las lagartijas, las dejaba en coma totalmente inmóviles durante horas; a los escorpiones les dábamos un trato más acorde a su peligro a base de una broma mortal, consistente, en hacer una pared redonda con palitos de madera prendiéndolos fuego; el escorpión curiosamente, cuando se veía rodeado por el fuego, prefería suicidarse clavándose a sí mismo el rejón venenoso, causándole la muerte. Acabo de ver un video en el que “Juan de la Jungla”, hace este mismo experimento, y a él se le escapa por un hueco sin llamas. Pero “voto a Dios”, que vi con mis propios ojos, como los nuestros se suicidaban.
Aprovechando que he nombrado a los murciélagos, os voy a contar lo que nos ocurrió un día con el murciélago fumador: resultó que el murciélago de los experimentos, para dar gracias a Dios de seguir con vida después de pasar por nuestras manos, fijó su residencia cerca de Dios, en una grieta de la Ermita del Cristo. Como sabíamos en que santo lugar vivía, y por donde merodeaba, le teníamos a nuestra disposición para hacernos de rata voladora de juegos. Tanto ensayo le dimos, sin casco que le protegiera de los múltiples porrazos que se daba cuando iba fumado que:
-Así era la Ermita en vida del murciélago-
Cuando fuimos a utilizar al murciélago sin salario, tomarle el pelo -pelo sí, que no plumas- y reírnos de él, encontramos su lúgubre casa despoblada. Como no sabíamos si se había exiliado por malos tratos, o se había metido más interiormente; decidimos agrandar el agujero para encontrarle. El murciélago no estaba, os lo juro, pero si vimos unas piedras muy bonitas talladas, igual que las columnas que habíamos visto en los palacios de las películas. Tal hallazgo le pusimos en conocimiento del Sr. Genaro, -padre de Jesús (el curilla)-. Genaro se lo comunicó al alcalde y este, con las mismas mando picar un trozo de pared, dejando a la luz restos de columnas de estilo salomónico que aún quedaban en pie. La mayoría de los bloques de piedra habían desaparecido, sobre todo se llevaron las que formaban los arcos, por su belleza y valor artístico, aun así, hay que reconocer que fueron muchas las que recuperaron.
Las piedras que formaban las bóvedas de la cubierta; me dijo el Señor Genaro años después, que estaban apiladas en el interior de la Ermita, pero que el aparejador Paco Pio, decidió suprimir las cimbras en forma de arcos góticos, por un artesonado de madera. Considerando el Aparejador que hacer el tipo de bóvedas góticas de las cubiertas, es muy costoso y demasiado arduo de construir.
® Aguafuerte de tinta china, dibujado por mí.
Pasados varios años de que se exilió el murciélago, construí el Mesón de la Golondrina. Tuve como cliente a Pablo “el Picapedrero”. Pues bien, uno de los muchos días que iba Pablo a mí Mesón, a tomar café y copa después de comer, me percate que estaba muy preocupado; preguntándole que le pasaba… Me dijo que les habían encargado la reconstrucción de los arcos helicoidales de la Ermita del Cristo y como las columnas y arcos eran de estilo salomónico y nunca habían trabajado ese estilo, se veían indecisos, de ser capaces de hacer las múltiples piedras que faltaban.
- ¿qué necesitas para poder hacer las piedras que faltan? -Le pregunte-. Necesitaríamos que algún profesional nos haga las plantillas de los arcos, las cimbras, el replanteo y las plantillas del salomónico, porque sólo sabemos hacer esos trabajos con plantillas, planos o replanteos...
-Hombre Luis, yo soy Delineante, oficial de replanteo, y aprendí hacer el salomónico, aunque en madera cuando le hicimos las cuatro columnas salomónicas a la cama de matrimonio a mi hermana Roció. -Sí, pero no es lo mismo hacer el salomónico en madera que en piedra. - ¡Cómo que no! le replique, tú me estas pidiendo que te haga las plantillas, no que te pique las piedras, ese es tu trabajo. Si fui capaz de diseñar el salomónico de las patas de la cama de mi hermana, ¿no crees que sea capaz de hacerte las plantillas y el replanteo? aunque sean para piedra.
-No sé, no sé Manolo -me dijo titubeando Pablo- yo pienso que eso sólo lo pueden hacer los Arquitectos o los Técnicos.
-Tienes razón, eso es trabajo de los Arquitectos, pero el único que puede, es Paco Pio y está de vacaciones…, no te preocupes, yo soy proyectista, dentro de una hora o dos voy a veros por si puedo hacer algo, ten en cuenta que ya he trabajado el estilo salomónico, aunque no en mixtilíneo, ¿pero?...
Cuando llegué a la Ermita, comprobé que no le faltaba razón al picapedrero. Tenían que hacer tres arcos de granito, con la dificultad añadida de que las columnas y el arco helicoidal, hacían una unidad mixtilínea, arrancando desde el pedestal de la columna, continuaba formando el arco, hasta la basa de la otra columna. Con la dificultad de un salomónico, producido por seis canales entorchados en relieve y seis cóncavos; sin obviar que la mayoría de las piedras, sobre todo las correspondientes a los arcos, tenían la dificultad añadida de ir en curva. No optante, después de meditar largo tiempo como replantear ese calicanto, les dije -ya sé lo que voy hacer, dadme una cuerda de pita y pintura.
Tome la determinación de pintar los arcos a escala natural en el suelo, clavando un hierro en el punto de creación del arco, - que tuve que hallar por la teoría, de que toda circunferencia pasa por tres puntos, siempre que estos no estén situados en línea recta-, para que pudieran atar un cordel que les permitiera marcar en su momento, también, el ángulo de ensamblaje entre piedra y piedra, sin tener que hacer cálculos algebraicos para hallar los grados de corte de las piedras, pues cada arco le integran más de una docena de piedras, que al ir en curva, no podían cortarse a 90º, tenían que ser los grados que les pedía el cordel atado en el eje del arco. Al tener dibujado el arco a tamaño natural, también les servía para marcar los arcos de medio punto de piedra. Una vez salvada la dificultad de las juntas entre piedra y piedra, sin tener que hacer operaciones aritméticas y la curvatura de éstas para formar el arco helicoidal, ya sólo faltaba diseñar la plantilla para hacer los bajorrelieves del salomónico. Esto ya si era más complicado, porque hacer coincidir seis tirabuzones en espiral, de una piedra curvada en ángulo, con la siguiente piedra, fue complicado. Así como unir los chapiteles y más difícil aun los pináculos.
La solución que les di fue crear una plantilla para hacer uno de los tirabuzones, y a partir de ese, hicieran los demás. Voto a Dios que ni con estas pensé que consiguieran hacer el arco, pensando que no lograrían hacer de coincidir el final del salomónico de una piedra, con el principio de la siguiente, pero si fueron capaces, si, ¡qué tíos más hábiles!, como decimos los de pueblo… ese trabajo es para “hombres muy machos”, o para Arquitectos, pero ninguno lo éramos y ahí están los arcos, hechos por picapedreros sin estudios y sin maquinas, con una maza de bola, punteros, cortafríos y para dibujar los cortes tinte de barro rojo, dibujados con plumas de paloma.
Mi reconocimiento a Pablo, Félix y Francisco Retuerto. (Creo que al final terminaron trabajando cuatro oficiales, pero no recuerdo quien fue el cuarto. Que pena, estos tres picapedreros hicieron este trabajo en los años 80 del siglo XX, en el siglo XXI, que escribo esta hazaña. Los héroes ya no viven y lo peor de todo, es que fueron los últimos picapedreros, Dios los tenga en su gloria…
Que curiosidades nos da la vida, por la captura de un murciélago, la desaparición de éste, para obligarnos a excavar para buscarle, descubrir que quedaban restos de unos arcos preciosos. Y que después de 15 años, el azar vuelva a llevarme al mismo sitio para ayudar a enmendar el desagravio que hicieron, sin estar advertidos de quien se llevó las piedras, cuándo y ¿por qué? Mi reconocimiento a esos émulos picapedreros, para que no ocurra como a los picapedreros de las pirámides, que han quedado en el anonimato.
Estos artesanos, han hecho en la Ermita, más si cabe que los constructores de las pirámides y con las mismas herramientas, pues doy fe que no emplearon máquinas a motor alguna, solo emplearon herramienta de mano “y un arte que no se puede aguantar”.