13/03/2026
En estos días estuve recibiendo consultas por distintas terapias energéticas, y me quedó dando vueltas algo que me parece importante decir.
Ninguna práctica espiritual debería hacerte dudar de tu propia intuición.
Un facilitador no está para decirte qué tenés que hacer con tu vida, ni para ocupar el lugar de tu propia conciencia.
Su rol es acompañar procesos, ofrecer herramientas y compartir su experiencia para que puedas mirar tu situación con más claridad.
Por eso también sostengo algo que para mí es fundamental:
las terapias holísticas no reemplazan el espacio de terapia formal con un profesional de la salud mental.
Al contrario, muchas veces funcionan mejor cuando hay un proceso terapéutico que pueda sostener lo que se mueve.
En mi trabajo utilizo distintas herramientas —como el tarot, prácticas energéticas y también upāyas— que en la tradición védica se entienden como acciones o remedios orientados a armonizar ciertos procesos internos y energéticos.
Pero estas prácticas no son mágicas ni instantáneas.
Muchas veces requieren compromiso, constancia y disciplina.
Son pequeñas acciones sostenidas en el tiempo que pueden acompañar procesos profundos de transformación.
Y eso también implica respetar los tiempos de cada proceso.
No todo se resuelve en una sesión, ni todo lo que se mueve internamente se entiende de inmediato.
Mi trabajo como facilitadora es ofrecer un espacio de escucha, acompañamiento y respeto, donde cada persona pueda explorar sus procesos sin perder su propia brújula interna.
Porque la espiritualidad, cuando es honesta, no te quita poder, Te ayuda a recuperarlo.