Las Magnolias, plantas, arte y cultura

Las Magnolias, plantas, arte y cultura Venta on line de plantas. Pueden retirarse en Cañuelas (Bs. As) o en el barrio de Constitución. Wh

Así floreció hoy uno de nuestros Lilium
15/05/2026

Así floreció hoy uno de nuestros Lilium

Un bosque de abedules para el descanso de TolstoiYásnaia Poliana es una finca rural a 12 kilómetros al sudoeste de Tula,...
25/10/2025

Un bosque de abedules para el descanso de Tolstoi

Yásnaia Poliana es una finca rural a 12 kilómetros al sudoeste de Tula, Rusia. Fue propiedad del escritor León Tolstói, que nació, vivió y fue enterrado allí. Desde 1921, la finca es un museo que honra la memoria del autor de La guerra y la paz y Anna Karénina. El museo contiene la mansión del escritor, la escuela que fundó para los niños de los campesinos y un parque donde descansan sus restos.

La tumba de Tolstoi impresiona por la sencillez. Es, simplemente, un túmulo de tierra en medio de un bosque de abedules (Betula alba) que el mismo Tolstoi, junto con su hermano, desarrollaron desde niños.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la finca fue usada como cuartel por los soviéticos y luego abandonada debido al avance enemigo. La finca y tumba de Tolstoi fue atiborrada de dinamita y transformada en una auténtica mina terrestre por los soviéticos, lista para ser volada al momento de ser profanada por las fuerzas alemanas que venían avanzando. Pero los alemanes, comandados por el general Heinz Guderian, descubrieron y desactivaron los explosivos, reconocieron el lugar y la tumba y se fueron sin destruirlo.

Después de la guerra, la finca fue restaurada para que apareciera igual que cuando Tolstói vivía allí, y Yásnaia Poliana sigue siendo una atracción turística muy popular en Rusia.

El escritor Stefan Zweig (1881-1942) quedó profundamente conmovido al conocer la tumba de Tolstoi y le dedicó un texto encantador, que reproducimos:​

“No he visto en Rusia nada más grandioso e impresionante que la tumba de Tolstoi. Ese augusto monumento, venerable centro de peregrinación de las generaciones futuras, queda desplazado y solo, sombreado en el bosque. Un sendero estrecho, que discurre sin aparente plan entre claros y maleza, conduce a este túmulo, que no es otra cosa que un pequeño rectángulo amontonado de tierra, que nadie vigila ni ampara, a la sombra única de unos pocos grandes árboles. Y esos árboles descollantes, mecidos suavemente por el viento del temprano otoño, fueron plantados por el mismo León Tolstoi, según me refiere su nieta. Su hermano Nicolás y él habían oído, cuando niños, de boca de alguna ama o aldeana, la antigua conseja de que allí donde se plantan árboles se constituye un lugar de felicidad. Y por eso, jugando, habían hincado por las buenas en la tierra unos cuantos renuevos en determinados lugares y no habían tardado en olvidar este juego de niños. Sólo al cabo de mucho tiempo se acordó Tolstoi de aquella anécdota infantil y del extraño augurio de felicidad, que se presentó de repente al hombre fatigado de la vida como provisto de un significado nuevo y más bello. E inmediatamente expresó su deseo de ser enterrado bajo aquellos árboles plantados por él mismo.
“Se cumplió puntualmente esta voluntad de Tolstoi, y aquel lugar pasó a ser la tumba más bella, impresionante y triunfal del mundo. Un pequeño túmulo rectangular en medio del bosque, recubierto de flores –nulla crux, nulla corona–, sin cruz, ni lápida, ni inscripción, y ni siquiera el nombre: “Tolstoi”. El gran hombre está enterrado en el anonimato; el que sufría como ninguno bajo el peso de su nombre y fama, enterrado como cualquier vagabundo hallado por casualidad. A nadie se impide el acceso a su último lugar de descanso; la débil cerca que lo rodea no está cerrada: nada protege el descanso de León Tolstoi sino el respeto de los hombres, que, en otros casos, se complacen en turbar con su curiosidad las tumbas de los grandes. Pero aquí justamente la irrefutable sencillez proscribe la desatada curiosidad e impone hablar en voz baja. El viento susurra en los árboles que cobijan la tumba del anónimo; el sol juguetea sobre ella; la nieve pone en invierno su tierna nota de blancor sobre la tierra oscura, y se podría transitar por aquí, verano e invierno, sin advertir que ese pequeño rectángulo prominente acogió en su seno la parte terrena de uno de los hombres más poderosos de nuestro mundo. Mas precisamente ese anonimato conmueve más que todos los mármoles y pompas posibles: de los centenares de personas de hoy, este día excepcional, ha atraído hacia su rincón de descanso, ninguno ha tenido el atrevimiento de tomar como recuerdo ni una sola flor del oscuro túmulo. Nada de este mundo resulta más monumental –eso se experimenta de continuo– que la suprema sencillez. Ni la cripta de Napoleón bajo los mármoles de los Inválidos, ni el sepulcro de Goethe en la tumba principesca de Weimar, ni el sarcófago de Shakespeare en la abadía de Westminster impresionan a su vista una y otra vez las fibras más humanas del hombre como esa conmovedora tumba anónima perdida en el bosque, con su solemne silencio, en la que sólo susurra el viento y que está desprovista de todo aviso y palabra.”

Un árbol de 40 frutosParece un sueño, pero no: un escultor y aficionado a la botánica ha “creado” árboles multifrutales,...
14/07/2024

Un árbol de 40 frutos

Parece un sueño, pero no: un escultor y aficionado a la botánica ha “creado” árboles multifrutales, capaces de producir (la misma planta) ciruelas, duraznos, pelones, damascos, cerezas y almendras.

El proyecto, conocido como «Árbol de los 40 frutos», es una obra del escultor estadounidense Sam Van Aken.

Aunque no se trata estrictamente de una escultura, perfectamente podría considerarse una pieza de arte viviente.

El trabajo de este artista y aficionado a la botánica empezó en 2008, con el objetivo manifiesto de resaltar la belleza de la naturaleza. Lo hizo mediante sucesivos injertos en un patrón de Prunus, un género de árboles y arbustos de la familia Rosaceae, que incluye varias especies cultivadas principalmente por sus frutos, como el ciruelo, el cerezo, el almendro, el duraznero, el pelonero, así como otras especies que no producen frutos atractivos pero que se cultivan como ornamentales por su espectacular floración (el ciruelo de jardín, el Prunus Mumme o el cerezo Sakura, por ejemplo).

Lo que hizo Van Aken no es una novedad. Los injertos se practican desde hace muchísimo tiempo y cualquier aficionado a las plantas lo conoce. Se utiliza un pie o portainjerto (es decir la raíz y el primer trozo del tallo) con buenas características de sanidad y fortaleza y allí se le agrega una púa o yema de la planta que se quiere desarrollar. Lo llamativo de este proyecto es que fue planteado haciendo prevalecer la estética sobre la producción frutal. Mediante podas y después de varios años de trabajo, logró armonizar la estructura del árbol, que es realmente espectacular, y combinar los tiempos de floración para lograr un individuo asombroso.

El injerto o la reproducción por esquejes son dos formas de propagación asexual de las plantas. El producto es una planta exactamente igual a la planta madre (es un clon). La otra manera de reproducir las plantas es por semilla. Esta es una reproducción sexual similar a la humana y el resultado de esa semilla será una planta con características inciertas, ya que traerá la genética de sus antepasados (tal vez las mejores, tal vez no).

Los primeros registros sobre injertación se pueden obtener con la invención de la escritura, que se dio en la Mesopotamia (actualmente Irak y parte de Siria). Allí se obtuvieron registros en fragmentos de tablillas que hacen referencia a los injertos 2000 años antes de la era cristiana. También hay referencias a esta técnica de propagación en diversos textos bíblicos.

Obviamente, el injerto es posible en plantas del mismo género. Los cítricos, por ejemplo, pueden injertarse entre sí y es factible tener en un mismo árbol limones, mandarinas, naranjas, pomelos y otros cítricos. O también se puede injertar en un mismo pie de rosal variedades diversas y lograr un rosal con flores de distintos colores.

Son muy pocos los productores que desarrollan estas plantas multifrutales, pero hay infinidad de aficionados que han logrado resultados notables con injertos de toda clase de plantas.

Actualmente, en nuestro vivero, tenemos algunos árboles que producen frutas distintas en el mismo individuo: hay multifrutal de damasco y ciruelo amarillo, de damasco y ciruela roja y de durazno, damasco y ciruela roja.

Te invitamos a visitar nuestra tienda virtual en www.viverolasmagnolias.com.ar

Oruga de la mariposa Monarca en su planta hospedera: una Asclepia curassavica
06/04/2024

Oruga de la mariposa Monarca en su planta hospedera: una Asclepia curassavica

El manzano de la abuela SmithLuego de una semana de intenso trabajo en el vivero, hoy disfrutamos del domingo entre amig...
03/10/2022

El manzano de la abuela Smith

Luego de una semana de intenso trabajo en el vivero, hoy disfrutamos del domingo entre amigos y familiares y aprovechamos también para contemplar la belleza de la floración de este manzano, que nos acompaña desde hace 10 años. Y ya que estamos en la materia, aprovechamos para compartir la foto con los seguidores de la página y para contarles algunas curiosidades sobre el origen de la manzana Granny Smith (la manzana verde, tan utilizada en reposteria y ensaladas).

La manzana de la abuela Smith es producto de una hibridación artificial entre dos tipos de manzanos (un Malus doméstica y un Malus sylvestris) hecha en la granja en la que trabajaba Maria Ann Smith Sherwood (la abuela Smith), en Australia.

La abuela Smith fue una horticultora de origen británico, nacida en 1799 en Sussex. Era hija de campesinos y analfabeta, pero muy hábil para los trabajos de granja y también para la repostería. A los 19 años se casó con un granjero, Thomas Smith, con quien tuvo 8 hijos (tres de ellos fallecidos en la infancia). Buscando mejores horizontes, la familia Smith emigró a Australia en 1838, donde Thomas consiguió trabajo con un colono de la región de Kissing Point, donde la familia viviría el resto de sus días. Les demandó 18 años de sacrificio independizarse y lograr comprar una granja de unas 10 hectáreas en la región.

Allí, los esposos Smith y sus hijos se dedicaron al cultivo de frutas, que luego vendían en el mercado de Sidney, donde las trasladaban en carro o en barcaza por el río Parramatta. La señora Smith aprovechaba los viajes al mercado de la capital australiana para vender también sus tartas y postres, que rápidamente adquirieron muy buena reputación.

En una oportunidad, aprovechó a comprar en el mercado de Sidney un cajón de manzanas silvestres para destinar a sus tartas. Los restos de cáscaras, semillas o alguna manzana pasada fueron arrojados al compost, donde luego germinaron algunos manzanos. A la señora Smith le llamó la atención una planta en particular, con características distintas a las conocidas, que decidió cultivar pacientemente hasta que fructificara. Dio una manzana extraña, verde, con cierta acidez, que le llamó la atención. Sus descendientes afirman que la mujer decidió injertar patrones de esa planta en otros pies de manzanos silvestres para mantener las características de esa extraña manzana verde.

En 1868 ella le pidió a un horticultor local su opinión sobre sus árboles, quien no dudó en considerarla una nueva variedad. En 1876, luego de fallecer Maria y Thomas, el agricultor Edward Gallard compró parte de la granja de los Smith y resolvió desarrollar el cultivo de la variedad 'Granny Smith', que denominó así en honor a la anciana que la había cultivado por primera vez pero que nunca llegó a conocer el éxito que tendría en los años siguientes. Hacia 1891, la variedad "Granny Smith" ganó el premio de mejor manzana de repostería, y a partir de entonces fue adoptada para su cultivo por los agricultores locales.

En 1895, Albert Benson, experto en frutos del Departamento de Agricultura de Nueva Gales del Sur, reconoció que la variedad "Granny Smith" era adecuada para exportar e impulsó la plantación a gran escala. Ese año la variedad fue incluida en la lista de frutas de exportación del Departamento de Agricultura australiano. Poco después de la Primera guerra mundial, las manzanas de la variedad Granny Smith eran exportadas desde Australia a todo el mundo.

En un sector de la granja de los Smith se erigió un memorial que recuerda a esta familia de granjeros que dieron origen a una de las manzanas más difundidas en el mundo.

Comienzan a florecer los durazneros enanos.
11/09/2022

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Así está hoy el peral Williams
11/09/2022

Así está hoy el peral Williams

La belleza de la imperfecciónLo vemos casi a diario en el vivero: gente que descarta un árbol porque no está “derechito”...
20/06/2022

La belleza de la imperfección

Lo vemos casi a diario en el vivero: gente que descarta un árbol porque no está “derechito”, sin valorar, por ejemplo, la estructura general de la planta, o la vitalidad de su tronco o la belleza de su floración. Buscan una simetría que la naturaleza no tiene; una perfección que no es más que un espejismo. Y con esa mirada estructurada están perdiendo la capacidad de apreciar la belleza de la imperfección. Los japoneses han elaborado toda una filosofía alrededor de lo imperfecto: el Wabi Sabi. El término, en realidad, se originó en el taoismo durante la dinastía Song, en China (960-1279) y luego se trasmitió al budismo zen, en Japón. Y no es más que una manera de observar el mundo. Los principales conceptos que aparecen en el Wabi Sabi son: nada es perfecto, nada es permanente, nada es completo.

Esa concepción muchas veces está presente en la manera de entender los sentimientos más profundos y también en cuestiones más mundanas (objetos antiguos, oxidados o hasta rotos pueden convertirse en elementos destacados en una decoración).

Lamentablemente, con las plantas, en especial con los árboles, son muy pocas las personas que pueden apreciar la belleza única que puede tener un ejemplar presuntamente defectuoso.

Hace muy poco, un amigo del vivero nos pidió asesoramiento para talar un inmenso jacarandá que por efecto de lluvias muy intensas se había inclinado hasta casi apoyar la copa en el suelo. El árbol estaba en el límite de dos casas en un conocido country de Canning y nuestro amigo se veía urgido a solucionar el problema que podía ocasionar al vecino la caída de su árbol. Cuando vimos la situación le aconsejamos cubrir con tierra las raíces, hacer una poda pequeña de la copa para facilitar la recuperación y simplemente dejarlo vivir en esa posición, casi acostado, dado que las ramas no obstaculizaban el paso.Por supuesto, ni nuestro amigo ni el vecino estaban muy de acuerdo con la propuesta pero logramos convencerlos haciéndoles ver que cuando llegara el momento de la floración tendrían ese espectáculo al alcance de la mirada y que la “anormalidad” con la que sobreviviría la planta lejos de ser un problema podría ser un fenómeno único, imposible de imitar. Al año siguiente, nos llamaron para agradecer la propuesta: el árbol se había recuperado perfectamente y les ofrecía generosamente sus flores en primerísimo plano.

En estos casos, el axioma de no hacer leña del árbol caído se cumplió a rajatabla.

Esas situaciones no son poco frecuentes. En nuestro vivero, un palo borracho sufrió la caída de un enorme gajo de eucalipto que lo partió, le provocó una herida importante en un costado y lo arrancó de raíz. En lugar de reemplazarlo, decidimos pararlo de nuevo mediante el uso de un malacate y apuntalarlo con la esperanza de recuperarlo. Actualmente desarrolló dos troncos bien importantes y logramos tener un palo borracho único y muy lindo.

El consejo es obvio: antes de eliminar una planta presuntamente defectuosa, ver si se la puede recuperar e incorporar al paisaje. La idea de que las crisis también son oportunidades perfectamente puede aplicarse a la naturaleza.

Empieza a decaer el frío invernal y los durazneros comienzan a llenarse de flores. Y también de visitantes muy apreciado...
17/08/2021

Empieza a decaer el frío invernal y los durazneros comienzan a llenarse de flores. Y también de visitantes muy apreciados.

Diseño en una planta industrial Compartimos con los amigos de la página el resultado de un trabajo encargado por una emp...
20/06/2021

Diseño en una planta industrial

Compartimos con los amigos de la página el resultado de un trabajo encargado por una empresa multinacional radicada en el Parque Industrial de Cañuelas. La necesidad planteada por la empresa era la de embellecer un salón para el personal destinado a actividades recreativas en los períodos de descanso. El salón va a contar con mesas de ping pong, mesas y sillas y una pantalla gigante para ver partidos de fútbol por televisión. En el recinto también se encuentran los lockers de los operarios.

El lugar es cerrado, con buena iluminación pero sin sol directo.

En el diseño aprovechamos cajones que habitualmente recomendamos para huerta como maceteros gigantes. Tratándose de una fábrica nos pareció adecuado el uso de esos cajones rústicos, hechos con madera de pallets, por razones estéticas y también prácticas: en caso de que en el futuro surgiera la necesidad de desplazar o eliminar algunos de esos cajones, son muy fáciles de transportar con alguna zorra o Clark de los que disponen los establecimientos industriales.

Utilizamos cajones de dos tamaños para aprovechar mejor los espacios intervenidos.

En cuanto a las plantas, colocamos un aguaribay (Schinus Molle, el árbol de la pimienta rosada), una Raphis, un conjunto de tres dracenas indivisas (una verde y dos moradas), un conjunto de 5 formios nana (3 phormium tenax variegados y 2 phormium sundowner), una palmera Trachicarpus fortunei y 4 strelitzias reginae delgadas y de buena altura. Los macetones los completamos usando en algunos casos piedras blancas para resaltar las plantas instaladas y en otros aprovechamos la generosa superficie de los cajones para poner plantas tapizantes, que le dan colorido y no compiten por recursos con las plantas principales. Utilizamos Aptenia Cordifolia (Baby Sun Rose), Ajugas reptans rubras y Alternanthera ficoidea.

Les compartimos las imágenes para aportarles algunas ideas a los amigos que nos siguen.

Dirección

Ruta 205, Km 57, 500
Cañuelas
1814

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