27/04/2025
[Columna de Ecomu] No. 001
"México y Japón: Desde los márgenes de la gestión y los recursos humanos"
En esta columna, me gustaría compartir algunas reflexiones sobre la gestión empresarial y los recursos humanos en las empresas japonesas que operan en México, a través de las lentes de la sociedad, la cultura y la historia. El término margen puede sugerir algo periférico o fuera del encuadre principal, pero a menudo es precisamente desde esos bordes donde mejor se puede observar el núcleo de las cosas.
Tema de hoy: Los tres pilares
Si tuviéramos que destilar los pilares fundamentales o la columna vertebral que sostienen a muchas personas en México, probablemente serían: el trabajo, la familia y la religión.
En lo que respecta al trabajo, México cuenta con una gran economía informal. Aproximadamente la mitad de la población ocupada trabaja fuera del sistema formal, y este sector contribuye con cerca de una cuarta parte del PIB nacional. Muchas personas en este sector no están afiliadas a ninguna empresa y no pagan impuestos sobre la renta ni seguridad social. Su forma de trabajar suele estar desconectada de métricas de productividad y disciplina organizacional. Incluso dentro de la economía formal, algunos lugares de trabajo reflejan tendencias similares.
La familia sigue desempeñando un papel fundamental. Aunque en las zonas urbanas ha disminuido la tasa de natalidad y ha aumentado la presencia de familias nucleares, las familias extensas y los lazos de parentesco fuertes siguen siendo comunes e influyentes en muchas regiones del país.
Aproximadamente el 90% de la población mexicana se identifica como católica. El catolicismo en México no solo actúa como un marco religioso, sino también como una institución social que refuerza los lazos familiares y comunitarios. Una característica de la cultura católica mexicana es una cierta resignación ante los asuntos mundanos, combinada con un optimismo profundamente arraigado: “pase lo que pase, todo saldrá bien”. En resumen, muchos mexicanos viven su vida apoyados en estos tres pilares.
En contraste, en Japón, las personas suelen estar claramente afiliadas a grupos funcionales, como escuelas o empresas y recientemente el aspecto comunitario de estos grupos ha ido disminuyendo. Se enfatiza la eficiencia organizativa, y muchas personas llevan vidas estructuradas centradas en el trabajo.
Los lazos familiares en Japón se han debilitado en las últimas décadas. Un número creciente de personas vive solo o en familias nucleares, dedicando gran parte de su tiempo e identidad a su trabajo. Aunque los valores tradicionales e históricos todavía brindan una base de “sentido común” no expresado con las palabras que da forma al comportamiento individual y social, relativamente pocas personas en Japón pertenecen a organizaciones religiosas o siguen activamente doctrinas religiosas. Por lo tanto, muchos japoneses viven con solo uno o dos pilares que sustentan sus vidas.
Dadas estas diferencias, no es de extrañar que la vida y la sociedad sean tan distintas entre ambos países. Las personas japonesas pueden sentirse sorprendidas, confundidas o incluso impotentes ante lo que parece ser un caos en conductos y sociedad en México. Sin embargo, muchos mexicanos, aunque a veces con resistencia, logran soportar y adaptarse a estas condiciones. (Algunos que no pudieron soportarlo habían migrado a los Estados Unidos, por ejemplo, donde ya viven cerca de 40 millones de personas de origen mexicano. Varias personas quienes estudian lenguas extranjeras también suelen experimentar el sentimiento similar).