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23/10/2026

RECORDATORIO: Sindicato que no hace asamblea es sindicato que se tiene que cambiar

La ilusión del aumento salarial y la lucha de los trabajadores del IMSS Rosa EspinozaLa lucha por un salario justo, entr...
22/10/2026

La ilusión del aumento salarial y la lucha de los trabajadores del IMSS
Rosa Espinoza

La lucha por un salario justo, entre otras demandas de los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ha generado múltiples manifestaciones: inconformes con el incremento salarial de tan sólo 6.8 por ciento que el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS) pactó con el IMSS (el 2.9 por ciento directo al tabulador y el 3.9 por ciento a las prestaciones), salieron a las calles a manifestarse y exigir un aumento de salario cuando menos del 10 por ciento; debido a ello, el sindicato convocó a una consulta a la base trabajadora el miércoles 14 de octubre dando como resultado el rechazo de más del 60 por ciento del personal del IMSS que votaron en contra del incremento salarial convenido por el sindicato y el Gobierno federal.

De modo que en este mes de octubre se han registrado multitudinarias movilizaciones de los trabajadores del IMSS exigiendo solución a sus demandas laborales, tales como el aumento salarial, mejores prestaciones, recuperar el sistema de jubilaciones y pensiones, así como eliminar las Administradoras de Fondos para el Retiro de los Trabajadores (AFORES); también reclaman la falta de medicamentos e insumos, carencias que tienen al Instituto en una crisis que sufre fundamentalmente la población trabajadora; y, además, la destitución de Rafael Olivos, secretario general del SNTSS.

La revisión del contrato colectivo de trabajo (CCT) en este año fue aprobada por los delegados sindicales durante la celebración del LXV Congreso Nacional Ordinario del SNTSS, el pasado 11 de septiembre, con un incremento salarial de un 2.9 por ciento directo al tabulador y 3.9 por ciento a las prestaciones, pero dicho convenio fue objetado por los trabajadores del IMSS, quienes se manifestaron en distintas ciudades del país en más de 25 entidades federativas, donde se movilizaron miles y miles de trabajadores, de un total aproximado de 475 mil empleados del IMSS en todo el país.

No obstante, la presidenta Claudia Sheinbaum, el director general del IMSS Zoé Robledo y el mismo Rafael Olivos secretario general del sindicato, desestimaron dichas movilizaciones de la base trabajadora, considerando que se trata de un insignificante número de disidentes del sindicato; sin embargo, el resultado de la consulta fue contundente pues más del 60 por ciento de trabajadores desaprobaron el incremento salarial propuesto por el sindicato y, por consiguiente, exigen nuevas negociaciones y afirman que las movilizaciones continuarán.

Cabe mencionar que el IMSS es un organismo público descentralizado que se sostiene financieramente de forma tripartita, a saber: de las cuotas patronales, de las cuotas de los trabajadores y de las aportaciones del Gobierno; además el IMSS tiene otros ingresos que provienen del pago de seguros voluntarios, productos financieros e intereses, de acuerdo con la información proporcionada por la página del Gobierno federal imss.gob.mx, según esta información el IMSS opera con ingresos que provienen en más del 90 por ciento de las cuotas obrero-patronales, mismas que obtiene de los pagos que realizan las empresas y que aportan de acuerdo con un porcentaje que deducen del salario base de cotización de cada uno de los trabajadores afiliados al instituto.

Las empresas les descuentan un porcentaje de su salario a los trabajadores para hacer estos pagos al IMSS, otro porcentaje mínimo lo aportan las mismas empresas y esas aportaciones son las que constituyen las cuotas obrero-patronales, sólo a los trabajadores que ganan el salario mínimo no se les descuentan esas cuotas (artículos 97 de la Ley Federal del Trabajo y 36 de la Ley del Seguro Social). Una mínima parte la aporta el Gobierno federal, pero también estas aportaciones provienen del pago de los impuestos de los ciudadanos que en su mayoría son trabajadores.

En el año 2026 el IMSS recibió más de un billón y medio de pesos, según el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2026, de los cuales la mayor parte provienen de las cuotas obrero-patronales y por los pagos para las pensiones y jubilaciones, que estrictamente hablando también provienen de los ahorros para el retiro de los propios trabajadores, que cómo sabemos ahora, las manejan las AFORES.

El total de trabajadores afiliados al instituto asciende a casi 23 millones de empleados, que son quienes sostienen con su trabajo y con sus aportaciones todo el aparato burocrático que administra el IMSS, el cual tiene la obligación de brindar atención médica, medicamentos y todos los servicios que contempla el instituto, incluidas las pensiones y jubilaciones.

La lucha de los trabajadores del IMSS por un incremento salarial es justa y legítima, el artículo 90 de la Ley Federal del Trabajo (LFT) establece que el salario debe satisfacer las necesidades de una familia en el orden material, social y cultural, debe cubrir la educación obligatoria de los hijos, además, dice que su revisión anual nunca debe estar por debajo de la inflación observada.

En realidad, en una sociedad capitalista como la nuestra, el salario sólo es el precio de la fuerza de trabajo del obrero, es decir, lo que mínimamente requiere el trabajador para reproducir esa fuerza de trabajo desgastada en una jornada laboral, o sea, lo que necesita para comer, vestir, descansar y reproducirse.

Pero el obrero es capaz de producir mucho más de lo que vale la reproducción de su fuerza de trabajo. Según algunos estudios realizados por profesionistas en economía, se sabe que en la actualidad el obrero produce en los primeros minutos de una jornada de trabajo, supongamos los primeros 30 minutos, el equivalente del valor de su fuerza de trabajo, es decir, del salario que recibe por ese día de trabajo, por lo que el tiempo de trabajo restante, las 7 horas con 30 minutos de esa jornada laboral se destina para la ganancia del patrón.

Lo que produce el obrero en una jornada es mucho más de lo cuesta su fuerza de trabajo, pero al obrero no se le paga por ese tiempo de trabajo, esa riqueza creada por las manos de los trabajadores se la apropia el patrón; hay que advertir que esta ganancia se va integra a los bolsillos de los patrones, pues todas las obligaciones que deben cumplir las empresas como el pago de las cuotas ante el IMSS, el INFONAVIT, las AFORES, etc., ya están debidamente calculadas como parte del salario asignado a los trabajadores, todas esas cuotas salen del salario del trabajador, no es ninguna dádiva de los patrones ni del Gobierno.

Las movilizaciones de los trabajadores del IMSS son legítimas y justas, y son una muestra de la capacidad que tiene la clase trabajadora cuando decide organizarse y reclamar sus derechos, pero no debemos olvidar que la lucha por el aumento salarial en caso de triunfar sólo es un paliativo, una conquista efímera si consideramos que las crisis económicas y la inflación rápidamente acabarán con ese logro momentáneo.

Si entendemos que son los trabajadores los que producen toda la riqueza social entonces debemos entender que es la clase obrera la que debe tomar el poder político y económico del país, sólo de esa manera se podrá hacer verdadera justicia a los trabajadores, sólo así se podrá hacer un reparto equitativo de esa riqueza social producida, con salarios que realmente resuelvan las necesidades de una familia trabajadora, pero es indispensable la organización de los trabajadores en un partido político de nuevo tipo, en un partido de la clase obrera.
https://informadorobrero.com/la-ilusion-del-aumento-salarial-y-la-lucha-de-los-trabajadores-del-imss/

Rosa Espinoza La lucha por un salario justo, entre otras demandas de los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ha generado múltiples manifestaciones: inconformes con el incremento salarial de tan sólo 6.8 por ciento que el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Socia...

Condiciones laborales que enfrentan los mineros.Accidentes, enfermedades, salarios bajos y falta de prestaciones son par...
21/10/2026

Condiciones laborales que enfrentan los mineros.

Accidentes, enfermedades, salarios bajos y falta de prestaciones son parte de las difíciles condiciones que enfrentan muchos trabajadores mineros en México.

📢 Exige mejores condiciones laborales.

Lo espontáneo y lo consciente en la lucha obreraFederico HernándezRevisando unas notas periodísticas, una de marzo de es...
20/10/2026

Lo espontáneo y lo consciente en la lucha obrera

Federico Hernández

Revisando unas notas periodísticas, una de marzo de este año y otra de hace unos días, consideré que es importante hacer unas reflexiones sobre la trascendencia de los hechos ahí registrados.

La primera nota en una de sus partes dice: “El año pasado por el tema de utilidades, fueron 14 los paros locos que se presentaron en todo el estado (se refiere al estado de Coahuila), aunque añadió que estos fueron resueltos cuando mucho en 48 horas” (lado.mx, 25 de marzo). La realidad es que no hay una contabilidad de esos “paros locos” en nuestro país dado que son “ilegales” y la Secretaria del Trabajo y Previsión Social no lleva a cabo un recuento de los mismos; pero la realidad es que son un recurso relativamente frecuente que utilizan los trabajadores en su desesperación ante la adversdidad de su situación laboral.

La segunda nota: “Trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se manifestaron y boquearon la Avenida Lincoln, en Monterrey, para exigir mejores condiciones laborales, salarios dignos y mayor disponibilidad de insumos médicos” (INFO7, 9 de octubre). Aquí hay que decir que se han dado varias protestas de trabajadores (médicos, enfermeras y personal de salud).

¿Qué hay de común en estos dos movimientos de la lucha de los trabajadores? La espontaneidad con que se realizan. Es importante y de actualidad entender, a la luz de lo que dijeron los grandes maestros del proletariado, el problema de lo espontaneo y lo consciente en la lucha de los trabajadores.

En México, como en el resto del mundo donde existe el régimen capitalista, en las fábricas y centros de trabajo se cometen a diario toda serie de injusticias e incumplimientos a los derechos y prestaciones de los trabajadores, cosa sancionada en los hechos por las autoridades laborales. La lista es larga: bajos salarios, despidos injustificados, imposición de horas extras, paros de producción con reducción del salario, escamoteo de las utilidades, malas condiciones y de riesgo en las empresas, etc., etc.

Amén de toda clase de abusos “menores” de la más diversa índole como hostigamiento, acoso laboral, descuentos en nómina, entre otros. Todo ello, obviamente, causa un gran malestar e inconformidades entre los trabajadores. Molestia que se acumula día a día hasta que en ciertos momentos conduce a los trabajadores a realizar acciones desesperadas, entre otras, los llamados, “paros locos” (los cuales no son legales desde lo asentado en las leyes laborales y de las autoridades que se encargan de su cumplimiento y “velan por proteger la inversión”). ¿Y los sindicatos que pueden emplazar a huelga con las causales que marca la Ley Federal del Trabajo (LFT) como es el incumplimiento al contrato colectivo de trabajo, la no revisión del mismo o la negativa a entregar las utilidades? Brillan por su ausencia.

Todo ese movimiento espontáneo lleva casi siempre a fracasos en las luchas emprendidas por los trabajadores contra el capital y el sistema que los agobia. Pero está la otra cara de la moneda: la lucha consciente en la que el trabajador reconoce sus intereses inmediatos y de largo alcance; sabe el papel que juega en la sociedad como clase creadora de la riqueza social y entiende lo irreconciliable de sus intereses con los intereses de la clase dueña de los medios de producción; que promueve la lucha que se realiza sistemática y metódicamente con objetivos bien precisos. Desgraciadamente este tipo de lucha prácticamente es inexistente en nuestro México en los días que corren.

¿Qué decir de lo espontáneo y lo consciente en la lucha obrera contra el capital? Veamos en la experiencia histórica qué ha sucedido y cómo lo entendieron los grandes pensadores y luchadores del proletariado.

Recordemos el movimiento Luddita que se dio a principios del siglo XIX, en donde los obreros destruyeron máquinas pues consideraban que éstas los desplazaban de sus fuentes de empleo, pues “competían” con ellos. Fue una reacción espontánea, instintiva, primitiva, de la clase obrera inglesa en los albores de la maquinización de la producción, el nacimiento de producción fabril. Los obreros, recién salidos de la etapa manufacturera (producción a mano con herramientas simples y en la que ya hay división del trabajo en el taller), no tenía una explicación de su situación como clase explotada ni tampoco del camino que deberían seguir para su liberación, y consideraban que sus penurias eran causadas, no por el régimen capitalista, sino por las máquinas salidas de la Revolución Industrial producto del desarrollo de ese régimen de producción.

Lenin en su obra el ¿Qué hacer?, escrito en 1902, analiza en el capítulo II, el problema de lo espontáneo y lo consciente, y al contrastar las huelgas de los años 60 y 70 en Rusia en que muchas veces se destruían máquinas, comparadas con las huelgas de mediados de los 90, éstas últimas podían llamarse “conscientes”, pues decía que “el elemento de lo espontáneo no es sino forma embrionaria de lo consciente”, que en lo espontaneo ya existe cierto grado de consciencia que tiene el obrero de su situación, aunque en un grado muy incipiente.

Y es cierto: el obrero, en la actualidad, al realizar un paro de labores porque no le pagaron las utilidades que por ley le corresponden, no hace más que reaccionar –instintivamente- ante la explotación pues ve que día con día hay producción de riqueza que él crea y no recibe las utilidades que marca la LFT, lo que representa un cierto grado de consciencia, aunque su grado está todavía en germen.

También cuando en un sindicato el obrero lucha organizado por demandas de carácter económico como aumento de salario, mejores condiciones al interior de la fábrica, utilidades, más vacaciones, etc., y organiza un movimiento huelguístico, donde, como dice Lenin, analiza los pasos a seguir, el momento adecuado para realizar el paro; revisa una a una las demandas de su pliego; en ese momento ha empezado a elevarse más en un peldaño hacia lo consciente.

Sin embargo, esta lucha, aunque “más consciente”, no es más que una lucha de carácter economicista, sindical. El trabajador no ha adquirido, todavía, una consciencia de clase, no se ha elevado al peldaño más elevado de politización de pelear por sus intereses de clase y por el poder político del país, nivel en que ha dejado atrás definitivamente lo espontáneo de su accionar, su reacción puramente instintiva. Para ello se requiere que la clase trabajadora haya asimilado una teoría económica, filosófica y social que explique científicamente la realidad y sea una guía para lograr sus objetivos.

¡Y he ahí donde nos encontramos con el verdadero problema! A la clase obrera, esto nos lo dice Lenin en la obra referida, por sus condiciones de vida (falta de instrucción académica y científica, falta de tiempo por sus extenuantes jornadas de trabajo, de su sometimiento ideológico, etc.), por sus condiciones de explotación, no le es posible por sí misma generar y asimilar una teoría que le explique el régimen económico capitalista en que vive, que le explique su condición de explotado y le explique las vías de su liberación. Esta conciencia tiene que venir -como sucedió históricamente con la aparición del socialismo científico de Marx y Engels- de las clases instruidas que tienen las condiciones para hacerlo y que se han proletarizado y han entendido científicamente el proceso de desarrollo de la sociedad.

Los obreros en la actualidad, sometidos no sólo a la despiadada explotación en las fábricas, sino a una intensa manipulación y control ideológico de la clase dominante, de los dueños del dinero (reforzado aún más con los gobiernos de derecha impuestos por el imperialismo norteamericano), con todo su aparato propagandístico y su ejército de intelectuales, periodistas, politólogos, etc., necesita que esa conciencia de clase, esa educación política, venga de un partido proletario que represente sus más genuinos intereses; un partido conformado por hombres, que, dadas sus condiciones de vida, haya asimilado la teoría del socialismo científico.

Esa tarea, ¡esa gran tarea! sigue estando pendiente en los tiempos que corren y es urgente trabajar en ella. De lo contrario seguirá habiendo movimientos espontáneos, desesperados, instintivos, de la clase obrera, y de los trabajadores en general, como vemos en nuestros días con los llamados “paros locos” y las protestas de trabajadores del IMSS. Que conste.
https://informadorobrero.com/lo-espontaneo-y-lo-consciente-en-la-lucha-obrera/

Federico Hernández Revisando unas notas periodísticas, una de marzo de este año y otra de hace unos días, consideré que es importante hacer unas reflexiones sobre la trascendencia de los hechos ahí registrados. La primera nota en una de sus partes dice: “El año pasado por el tema de utilida...

Buenos díaass!! Hoy es buen día para organizarse y pelaar por mejores condiciones laborales!! Siempre es un buen día    ...
20/10/2026

Buenos díaass!! Hoy es buen día para organizarse y pelaar por mejores condiciones laborales!!

Siempre es un buen día

No es “pobreza de tiempo”, es la explotación capitalista (Los trabajadores y su pobreza de tiempo)Antón RojoEn algunos m...
20/10/2026

No es “pobreza de tiempo”, es la explotación capitalista

(Los trabajadores y su pobreza de tiempo)

Antón Rojo

En algunos medios periodísticos se comienza a hablar de este aparentemente nuevo problema: “la pobreza de tiempo”. Y se le pasa a definir como la carencia de tiempo por parte de las personas para, después de su trabajo diario, disponer del tiempo suficiente para descansar, alimentarse tranquilamente, convivir con su familia, ocuparse de su aseo y de su casa, estudiar, cultivarse, distraerse, practicar algún deporte, etc.

Para muchos trabajadores mexicanos, ya sean de turno fijo o sometidos a rolar turnos, la ocupación de su tiempo para estar disponible a las órdenes de su patrón, empieza mucho antes de estar frente a las máquinas para trabajar: a las 4 o 5 de la madrugada para alistarse, asearse rápidamente, prepararse algo de almorzar y correr a alcanzar el transporte público, la mayoría de las veces, tardado, lleno a reventar e ineficiente, o alcanzar “el que le pone la empresa”, no tanto para que vaya más cómodo, sino con la calculada intención de que no llegue tarde a reemplazar a los que salen ya agotados del turno anterior y no se corra el peligrosísimo riesgo (para los patrones) de que la producción se detenga.

En todo este trajinar para dirigirse al trabajo, el tiempo que el obrero ocupa (hasta para comer y dormir), está en dependencia de que tiene, forzosamente, que ir a trabajar, es decir, no son actividades y horarios elegidos libremente por él, sino impuestas por la circunstancia de que tiene que ir a trabajar. Pero, como están realizadas en su, aparente “tiempo libre”, queda disfrazado el hecho de que son actividades completamente ajenas a su libre voluntad y sí, claramente impuestas por su situación de explotado por un patrón. Y no sólo impuestas al obrero como persona individual, sino prácticamente a toda su parentela: sus padres, su pareja, sus hijos… que se ven todos ellos sometidos a ese rutinario y fastidioso ritmo de vida.

Al cruzar el umbral de la fábrica, de manera más descarnada y directa, su tiempo le pertenece mucho menos a él como obrero: ha sido contratado por una jornada, el patrón ha pagado o pagará un salario por ella y se cuidará de que lo que ha comprado no se le escamotee. Lo aprovechará al máximo estrujando toda fuerza vital del obrero con la velocidad e intensidad de la maquinaria: el obrero no puede y no debe descuidar la producción (salvo el tiempo estrictamente necesario para alimentarse, pues hasta ésta máquina humana también llega a requerir cierto combustible), no debe distraerse, descansar entre jornada, no debe ir al baño las veces que quiera, observar su celular, platicar con sus compañeros de trabajo; ese tiempo es del patrón y para asegurarse de que no se le burle, tiene a su servicio vigilantes y capataces, cronómetros y cámaras de seguridad para que no se le robe lo que es suyo. El patrón exige como Shylock, -el avaro y codicioso prestamista judío de la novela de William Shakespeare “El mercader de Venecia”-, que a la falta de pago por un préstamo exigía se le diera “una libra de carne de lo más cerca del corazón” de su deudor, que se le reponga lo que ha gastado, con una libra del corazón: “¡sí, del corazón, es el contrato y debe cumplirse!” decía Shylock.

Terminada la fatigosa y fastidiosa jornada, el obrero emprende el camino de regreso a su casa, igual o peor de largo y sinuoso que el de ida, pero ahora con el agravante del cansancio, porque las fuerzas físicas y mentales que llevaba al entrar a trabajar, se las ha tragado la maquinaria y se han ido pegadas en los cientos o miles de mercancías que se produjeron durante el turno. Regresar a su casa es sufrir de nuevo los ineficientes transportes, dos horas o hasta tres horas de camino, llegar a medio descansar, medio alimentarse, medio enterarse de lo que hay en la familia y a tener que dormirse, ¡tener que dormirse obligatoriamente y descansar lo más temprano posible! porque al día siguiente hay que ir forzosamente a trabajar de nuevo. Y así, un día tras otro… “hoy es lo mismo que ayer, es un mundo sin mañana”, dice una popular canción. Y así, en toda su vida útil productiva.

A este vertiginoso, embrutecedor, rutinario y monótono paso del tiempo en la vida del trabajador, recientemente se le ha dado el elegante nombre de “desequilibrio en el balance vida-trabajo” y también “pobreza de tiempo” (en lo que, por cierto, México ocupa el último lugar de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su tabla de equilibrio vida-trabajo). En efecto, el asunto es alarmante: en México, 84.2 millones de personas padecen la llamada “pobreza de tiempo” (datos extraídos del estudio “Oligarquía o democracia”, de Oxfam México. Publicado en el medio Expansión Política del 5 de abril 2026).

Frente a este problema, también han aparecido recientemente los políticos de siempre que, cual curanderos de los problemas sociales, prometen combatir esto… ¡impulsando una nueva ley!, la “Ley General para la Prevención y Erradicación de la Pobreza de Tiempo”, que ya se encuentra presentada ante los ociosos de profesión que ocupan las curules de las Cámaras de diputados y senadores.

El diagnóstico que se hace del problema es correcto, pero sólo son los síntomas, no la enfermedad. Veamos:

Es cierto, en él influyen las jornadas excesivas de trabajo (59.6 horas a la semana destinadas al trabajo remunerado), y a nivel nacional un promedio de 2,308 horas al año, bastante alejado de la media de 1,736 horas que tienen los países agrupados en la OCDE. En este punto vale la pena no olvidar que, en el asunto de la “reducción de la jornada laboral”, el gobierno actual no se atrevió a ir más a fondo en beneficio de los trabajadores y se negó a establecer en la ley laboral dos días de descanso obligatorio a la semana. Y, no sólo eso, impuso también condiciones que ahora abaratarán el pago de las horas extras: antes, pago triple después de la novena hora extra, ahora, el pago triple sólo hasta después de la doceava hora, un excelente regalo a la patronal, a quien verdaderamente sirven.

También influyen en el problema, evidentemente, el tiempo excesivo en los traslados. La Comisión Económica para América Latina (CEPAL), organismo dependiente de la ONU, estima que, en México, en promedio se usan 2 horas con 22 minutos en transporte público y 1 hora con 44 minutos en automóvil por trayecto, por cada día sólo para ir y regresar del trabajo. Pero, en las grandes zonas metropolitanas del país esto puede representar hasta 4 horas diarias. Las pésimas condiciones del transporte público y las deplorables condiciones de calles, avenidas y carreteras son responsabilidad de los tres órdenes de gobierno que no atienden ni resuelven esto en serio y a los cuales les importa poco la suerte de los trabajadores.

También destaca en las manifestaciones de este problema, las desigualdades de género que se originan: las mujeres tienen una carga mayor de trabajo pues, para el caso del trabajo doméstico y de cuidados, le dedican 21.5 horas más a la semana que los hombres.

Estas son las formas en que se manifiesta el problema de la ahora llamada “pobreza de tiempo”, son los síntomas, los efectos, es la forma en que se expresa y se desarrolla el problema, pero no son la causa, no son la enfermedad propiamente dicha.

Y esto lo debemos de tener claro todos los trabajadores para que no nos ilusionen los merolicos de ocasión vendiéndonos la idea de que “con una nueva ley” se va a “prevenir y erradicar” la pobreza de tiempo.

Vivimos en un sistema económico en donde el trabajador no es el dueño de los medios necesarios para producir bienes materiales para vivir, todos esos medios de producción, fábricas, maquinaria, materias primas, medios de comunicación y de transporte, son propiedad privada del capitalista y precisamente por eso al obrero no le toca más en suerte que encontrar quien le compre o le ocupe lo único que tiene para vivir: su fuerza de trabajo, su capacidad productiva. La tiene que vender, de una u otra manera, a este o al otro capitalista, pues si no, moriría de hambre y de necesidad.

El capitalista le compra al obrero su fuerza de trabajo no porque “quiera darle empleo”, no porque sea un desinteresado benefactor de los desposeídos, sino porque la necesita precisamente para mover las máquinas (que son suyas), transformar las materias primas (que también son suyas) y producir las mercancías (producto último que también es de su propiedad), mismas que después venderá para convertirlas, otra vez, en dinero contante y sonante, pero incrementado por el trabajo humano vivo que el obrero le inyectó directamente, acrecentando el valor de todo lo que ha salido de la producción.

Lo que recibe el trabajador a cambio de su fuerza de trabajo como salario, no es más que la suma de valores que ha requerido consumir para tenerla existente en su cuerpo, es decir, lo que necesita comer, vestir, calzar y del lugar que tenga para vivir, la suma de lo indispensable para tenerlo con vida a él y a su familia que, como dijimos, también está indirectamente al servicio del patrón para tener al obrero listo como máquina productiva antes de cada jornada.

El capitalista compra al obrero su fuerza de trabajo por el tiempo en que la necesite y por eso, para el capitalista, el trabajador es sólo tiempo de trabajo necesario para la producción.

Este es el fondo del problema: el capitalista es el propietario de todo lo que se ocupa para la producción de la riqueza social y por eso impone dictatorialmente todas las condiciones de vida del obrero, tanto dentro de su fábrica, ordenando de cuánto será su jornada y de qué hora a qué hora la deberá cumplir, de si hace falta o no prolongarla ordenándole tiempo extra, y para legitimar todo eso tiene a su servicio a los gobernantes que harán leyes que le cuiden sus intereses; de igual forma decidirá de cuánto será su salario, y para eso, también los gobernantes a su servicio impondrán topes a los aumentos salariales.

Pero el despotismo patronal no sólo se impone dentro de la fábrica, inunda también la vida aparentemente privada del obrero: a qué hora debe dormir, a qué hora debe despertarse para salir corriendo a trabajar, lo que debe o no debe hacer su familia para ayudar en la reposición de esa fuerza de trabajo, los hijos guardar silencio porque el padre “está de turno” y debe dormir, su señora a preparar alimentos para que reponga la fuerza productiva que ha sido vendida, a lavar, a planchar, a asear la casa, etc. También, toda la “vida privada” del obrero y su familia gira en torno a la forzosa venta de su fuerza de trabajo que ha tenido que realizar, porque no le queda de otra.

Así pues, lo que padecen los trabajadores no es “pobreza de tiempo”, es la explotación capitalista que no se va acabar con una o dos leyes promulgadas, que no se va a acabar con algún magro incremento salarial, ni siquiera con la reducción de algunas horas de su jornada laboral.

La única alternativa contra esto, es acabar con las condiciones económicas que hacen que unos cuantos sean propietarios privados de todo lo que se necesita para producir la riqueza social y acumulen enormes e insultantes fortunas; mientras que las grandes masas trabajadoras, verdaderas creadoras de toda la riqueza social, pero desposeídas de todo medio de producción, quedan obligadas a venderse a otros para poder sobrevivir.

(Los trabajadores y su pobreza de tiempo) Antón Rojo En algunos medios periodísticos se comienza a hablar de este aparentemente nuevo problema: “la pobreza de tiempo”. Y se le pasa a definir como la carencia de tiempo por parte de las personas para, después de su trabajo diario, disponer del ...

  🔴 I Estalla huelga en minera de Durango Mina San Dimas entra en huelga tras paro iniciado en  septiembre. Los trabajad...
19/10/2026

🔴 I Estalla huelga en minera de Durango

Mina San Dimas entra en huelga tras paro iniciado en septiembre. Los trabajadores demandan mejoras en las condiciones de seguridad e higiene, el pago completo de un bono anual de productividad y modificaciones en la contratación de personal externo.

Entre las deficiencias de seguridad denunciadas se encuentran problemas de ventilación en las llamadas “zonas calientes”, fallas y deterioro de maquinaria pesada, así como el uso de acero que consideran de baja calidad y que, aseguran, incrementa el riesgo de accidentes en las áreas subterráneas.

Otro de los puntos es el bono de productividad, cuyo pago permanece pendiente desde mayo.

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