20/10/2026
Después de un trekking agotador, llegamos a un homestay en una pequeña aldea cerca de Nong Kiaw. Los niños salían a recibirnos con abrazos y sonrisas que parecían no tener fin.
La habitación era sencilla, quizá mucho más de lo que yo hubiera imaginado o deseado en otro momento... Nos cocinaron a su forma y con sus ingredientes
Yo por ejemplo comí arroz con bambú salteado
No voy a mentir, los bichitos me daban un poco de miedo, Pero a la cama le habían puesto el tul que ves en la foto.
Y entonces entendí algo. La riqueza de ese lugar no estaba en las paredes ni en las comodidades. Estaba en la bondad de las personas, en su hospitalidad, en la manera de hacerte sentir parte de su hogar sin conocerte.
Esa noche me abracé a su sencillez, a su generosidad y a tanto amor que me desbordaba. Dormí feliz, profundamente agradecida. Porque a veces lo que más nos marca no es lo que tenemos, sino lo que compartimos.
Pensar que llegué pensando en las incomodidades....